jueves, 28 de febrero de 2013

En stand-by

Hace demasiados meses que me repito: “De esta semana no pasa, tengo que hacer la Pizarra.” Me siento a escribir y no sale. Salen líneas, claro, muchas, que eso es fácil. Pero no es la Pizarra.
Supongo que lo que ocurre es que estoy desanimado. Además de la falta de tiempo –real– y de mis habituales problemas de salud –igualmente reales–, tengo una sensación de inutilidad. Obviamente, la Pizarra no se dedica únicamente a hablar de ciencia. Pretende transmitir una cierta visión del mundo, la de la racionalidad, la del progreso y el respeto a los demás. O eso quiero.
Sin embargo, el mundo no va por ahí. Cada día que pasa, parece imponerse más la irracionalidad, las supercherías, el fanatismo de toda especie, la opinión sin reflexión, el ladrido. La sensación es que por mucho que digamos yo u otros muchísimo mejores que yo, no sirve para nada. Ahora mismo el viento de la historia sopla, obviamente, en otra dirección y el pulso de la sociedad con él.
Sí, tengo la sensación profunda de que ni mi labor ni la de tantos otros mucho mejores sirve para nada. Supongo que, a mí personalmente, eso me está dejando sin inspiración.






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